Por qué Gibraltar es una colonia y Ceuta y Melilla no.

El Peñón fue incluido en la lista de territorios a descolonizar por la ONU en 1963. Mientras, Ceuta y Melilla son reconocidas como ciudades autónomas.

S. Orduña. Con Gibraltar otra vez en la palestra resurge el eterno debate: ¿Son comparables el caso de Gibraltar con Ceuta y Melilla? ¿Está justificado que Mohamed VI, rey de Marruecos, exija las ciudades españoles norteafricanas como propias? ¿El artículo X del Tratado de Utrecht que fija el devenir del Peñón en manos británicas les concede la soberanía del mismo?

Si echamos una mirada atrás podremos contemplar las diferencias más que sustanciales entre las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla con la colonia británica de Gibraltar.

En el caso de las ciudades autónomas, Ceuta posee más de 420 años de historia española más otros 84 años anteriores de soberanía portuguesa, mientras que Melilla cuenta con más de 500 años de españolidad. Marruecos, en cambio, se independizó de Francia en 1956.

Pero como el propio Derecho Internacional fija, la mera ocupación no es motivo de adquisición de la soberanía; es por ello por lo que el análisis de la historia es clave para poder ver si una determinada plaza ha seguido a lo largo del tiempo los pasos del resto de su patria.

Históricamente, en el caso de Ceuta y Melilla la unión con la Península fue tal que, incluso durante la época del Al-Ándalus, las ciudades autónomas norteafricanas permanecieron bajo jurisdicción peninsular, principalmente ligadas al califato de Córdoba. Aún con la caída de los almohades y el triunfo de la Reconquista, Ceuta y Melilla no cesaron de tener un destino diferente que el resto de regiones limítrofes del norte de África.

Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 al pequeño reino bereber de los Mérinides, ya presentes en la zona de Ronda y Granada durante el Al-Ándalus. Melilla, por su parte, permaneció hasta la conquista castellana en 1497 en tierra de nadie, defendiéndose de continuas razzias por parte de los Reino de Fez y Tremecen. Es decir, ambas ciudades o estuvieron unidas al resto de la Península o bien permanecieron bajo el yugo de pequeños reinos independientes.

¿Por qué al Peñón de Gibraltar le llamamos colonia y a Ceuta y a Melilla se las considera ciudades autónomas? A diferencia de las ciudades españolas norteafricanas, Gibraltar fue registrada por la ONU en 1946 como “territorio no autónomo”. Ya en 1963, en plena década de descolonización por parte de las potencias europeas, Gibraltar es incluida en la lista de territorios a descolonizar por Naciones Unidas. Se detalla que Gibraltar destruye la unidad nacional y la integridad territorial de España siendo incompatibles con las Resoluciones de la ONU acordadas sobre el tema (Resolución 1.514, párrafo sexto, de 1960).

Por su parte tanto Ceuta y Melilla, como el Peñón de Vélez de la Gomera, siempre estuvieron organizadas fuera del protectorado español de Marruecos, es por ello por lo que estos enclaves nunca fueron considerados como colonias, siendo de soberanía española tanto como cualquier otro territorio español peninsular.

Breve historia de Ceuta

Ya en la mitología griega la ciudad de Ceuta tenía una relevancia especial. Para los antiguos griegos Europa y África estaban unidas por una cordillera, hasta que Hércules de un golpe con su mazo abrió una brecha conocida hoy como el estrecho de Gibraltar. Tanto Gibraltar como Ceuta – conocidas históricamente como Calpe y Abila respectivamente- formaban las famosas columnas de Hércules, símbolo representativo de España a lo largo de la historia.

Durante el siglo VIII, época de la conquista de la Península por parte de los musulmanes, la ciudad fue destruida, siendo reconstruida un siglo más tarde. Por aquel entonces ya existía el conflicto sobre la jurisdicción de la ciudad. Los califas españoles siempre la reivindicaron como parte del Al-Ándalus, es decir, reivindicaban que Ceuta estuviese siempre bajo jurisdicción peninsular. En el siglo X Ceuta estuvo bajo el califato de Córdoba, en el XI fue territorio de la taifa de Málaga, en el XIII soberanía de la taifa de Murcia y a partir del XIV bajo las órdenes del reino nazarí de Granada.

Más tarde, fruto de la reconquista cristiana, los principales reinos de la península, Portugal, Castilla y Aragón, realizaron expediciones por el Mediterráneo con ánimo de aumentar su presencia e importancia frente al poder musulmán. El 21 de agosto de 1415, un ejército liderado por el rey D. Juan I de Portugal invade Ceuta para la gloria de Portugal.

Ceuta pasaría a soberanía española como consecuencia de la Unión Ibérica. La unión soñada por los Reyes Católicos se produjo en 1581, cuando Felipe II juró su cargo como rey de Portugal ante las Cortes lusas. Felipe II se convirtió en heredero legítimo al trono gracias a las estrategias matrimoniales de los Reyes Católicos.

El trono portugués había quedado vacante en 1578, cuando el rey Sebastián I fallece en la campaña de Alcazarquivir, situada en la zona atlántica de Marruecos, cerca del actual Larache. El objetivo de estas campañas era luchar contra las fuerzas musulmanas por temor a que volvieran a conquistar la Península. El principal enemigo de Portugal en la zona era el reino bereber de Fez, que hostigaba continuamente a los enclaves portugueses norteafricanos.

En 1640 los portugueses, mal influenciados por los ingleses, deciden independizarse de España al entender que serían más prósperos. El duque de Braganza aprovechó el conflicto existente por aquel entonces a raíz de la Unión de Armas junto con conflictos entre tropas castellanas y los campesinos catalanes en la frontera con Francia, para independizarse de España. A pesar de esta decisión, la población ceutí se negó a seguir la sublevación de Portugal, permaneciendo fiel a España. Es por ello por lo que desde entonces la ciudad de Ceuta recibe los títulos honoríficos de Siempre Noble y Leal.

El caso de Melilla

Los fenicios, pueblo originario del actual Líbano, fundaron la ciudad en el siglo VII a. C. con el nombre de Rusadir. Estuvo bajo dominio cartaginés, romano, bizantino, vándalo, visigodo y árabe. En cuanto a este último es necesario resaltar que fue la dinastía Omeya la que inició la conquista de la etapa musulmana en la ciudad, que no guarda relación con la identidad nacional marroquí.

La ciudad, conocida por aquel entonces por “Melilia”, era un enclave comercial de gran importancia debido a su situación. El Estrecho fue un lugar de gran inestabilidad debido a los saqueos vikingos, siendo Melilla arrasada por ellos en el 859 d.C. Casi un siglo más tarde, la ciudad se incorpora al califato de Córdoba.

Tras el paso de los almorávides primero, continuarán los almohades que, tras la derrota en la batalla de las Navas de Tolosa frente a los cristianos, acabarán extinguiéndose paulatinamente. La población de la ciudad melillense siempre fue independiente de los reinos de la zona. Tras la huida a Argelia de los almohades, los benimerines ocupan parte de la región norte del actual Marruecos, siendo derrotados por Alfonso XI de Castilla, dando lugar a pequeños reinos como el de Fez o el de Tremecen. Ambos reinos intentaron disputar la estratégica plaza, siendo defendida por los moradores melillenses.

La ciudad de Melilla fue a partir de entonces tierra de nadie, atacada continuamente por los reinos bereberes cercanos. A finales del siglo XIV la población autóctona, cansada de las incursiones y saqueos de los reinos musulmanes limítrofes, quemó la ciudad, no volviendo a cobrar importancia ésta hasta la llegada de Castilla y Portugal.

En 1399 Castilla se hace con Tetuán para controlar el Estrecho y reducir la piratería en la zona. Durante todo el siglo XV portugueses y castellanos afianzan su presencia en la zona, siendo su actividad tan intensa, que necesitaron crear límites de actuación en la región a fin de evitar conflictos entre ambos reinos. Mediante el Tratado de Alcaçovas, firmado en 1479, se fija la zona atlántica del actual Marruecos para Portugal-exceptuando las Canarias- mientras que la parte mediterránea es para Castilla.

Un año más tarde de la conquista del Reino de Granada, los Reyes Católicos envían exploradores con el objetivo de conocer la situación de la región melillense, para crear allí una fortaleza. A pesar de que la ciudad se encontraba deshabitada, los alrededores eran convulsos al existir conflictos abiertos entre el Reino de Fez contra Portugal. Los Reyes Católicos no se deciden finalmente a entrar en Melilla al estar más presente en sus pensamientos la conquista del Nuevo Mundo.

Es por ello, por lo que el duque de Medina Sidonia, Juan Alonso Pérez de Guzmán, pide autorización real para conquistar la plaza de Melilla. Castilla accede, siendo conquistada por Pedro de Estopiñán, jefe del ejército del ducado de Medina Sidonia, el 17 de septiembre de 1497. En 1556, debido a la falta de fondos, este ducado cede la ciudad autónoma de Melilla al Reino de Castilla al no poder mantenerla.

El Peñón de Gibraltar

La historia del Peñón estuvo unida a la del resto de la Península hasta el 4 de agosto de 1704, fecha en la que una coalición angloholandesa se hizo con el ansiado enclave estratégico. Para entender cómo fueron capaces Inglaterra y Holanda de atacar de forma concreta Gibraltar, sin miedo a posibles represalias por parte de España, es necesario remontarse a la Guerra de Sucesión española.

Carlos II de Austria, conocido como el hechizado- debido a su débil estado de salud, físico y mental, fruto de los constantes cruces conyugales, normales por aquel entonces entre las familias reales- muere sin descendencia. En su testamento, Carlos II nombra como sucesor al francés Felipe de Anjou, procedente de la familia Borbón y nieto de Luis XIV. Felipe de Anjou fue coronado bajo el nombre de Felipe V, siendo el primer Borbón que reinó en España.

La relevancia en el mundo de España por aquel entonces era sobresaliente, es por ello por lo que Europa no estaba dispuesta a permitir la unión de dos superpotencias como España y Francia, ya que significaría un fuerte varapalo al status quo establecido en el continente. Así Inglaterra y Holanda se unieron para apoyar a Carlos de Habsburgo que tenía derechos dinásticos. Claramente el candidato de la Casa de los Austrias era el más débil; aún así se inició una guerra a nivel europeo concentrada, cómo no, en España. Todas las potencias interesadas movieron fichas para recabar apoyos para sus candidatos en la Península.

Por un lado, estaba Felipe V que casaba perfectamente con el modelo centralista de Castilla, reino más fuerte en la Península. Por el otro, Carlos de Habsburgo, representaba el modelo foral de la Casa de Austria, que le venía como anillo al dedo a la Corona de Aragón, especialmente a Cataluña.

El hecho de que la Corona de Aragón apoyara a Habsburgo no significaba, ni mucho menos, que se apartara del sentimiento nacional, sino que para cada reino lo mejor para España era un rey y no el otro; eran patriotas no secesionistas, una tergiversación constante por parte del nacionalismo catalán.

Siguiendo con el tema que nos ocupa, el 4 de agosto de 1704, el almirante Rooke y el príncipe holandés Hesse-Darmstadt con una fuerza notablemente superior a la guarnición española consigue hacerse con el Peñón. La población autóctona de Gibraltar huyó, trasladándose al municipio limítrofe de San Roque, cuyo Ayuntamiento a día de hoy sigue denominándose “Ayuntamiento de la Ciudad de Gibraltar en San Roque”. Finalmente, el archiduque Carlos heredó el imperio alemán con lo que éste pierde el interés por reinar España. La reina Ana de Gran Bretaña pactó con el Rey Luis XIV de Francia el fin de la Guerra de Sucesión mediante el Tratado de Utrecht en 1713.

Las líneas principales del Tratado fueron, en primer término, reconocer a Felipe V como Rey de España. En segundo término, además de Nápoles y Cerdeña, el Imperio austriaco se quedó con el Flandes español, mientras que el Reino de Saboya se anexionó Sicilia. En tercer y último término, Inglaterra tendría el derecho limitado a comerciar con las Indias españolas, además de poder comerciar con esclavos. En cuanto a los territorios se anexionó Menorca y Gibraltar. En mala hora.

Fuente: libertaddigital.com

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